Tránsito del Miedo a la Presencia



El miedo es la emoción básica que nos produce una reaccion de querer escapar y salir de la situación aterradora de forma rápida, como una forma de supervivencia ante un estímulo que puede provocarnos la muerte a nivel físico, emocional,mental o espiritual, pero también puede provocar la sensación interna de pánico y quedarnos paralizad@s, congelad@s y totalmente bloquead@s.

Las imágenes, pensamientos, sentimientos, emociones, sonidos, olores y las diversas sensaciones que se extraen de una situación de miedo, se almacenan en un sistema de neuronas en el cerebro emocional y se activan a través de recuerdos y asociaciones. Estas imágenes y recuerdos activan el hipotálamo y encienden el cerebro emocional, localizado en el sistema límbico en el centro del cerebro. La amigdala detecta la reacción del miedo y bloquea el circuito del pensamiento lógico, provocando una disminución de las defensas del cuerpo y un descenso de la energía del cuerpo y de los instintos vitales del sueño, el apetito, la temperatura, los ciclos hormonales y la metabolización de las grasas y los líquidos corporales. El combustible del cuerpo se agota y perdemos nuestro centro de equilibrio.

El miedo localizado en los órganos de los riñones, activa la sensación interna de impotencia y frustración del hígado. Se enciende la rabia, el enfado y la furia por querer salir de la situación de aflicción. Nos volvemos impacientes, la confianza y la autoestima flaquean ,y nos angustiamos, obcecamos, obsesionamos con nuestras creencias, convicciones, emociones y toda reacción que se despierte en nosotr@s, estresando el bazo, y terminamos agotad@s, vacíos y sin ganas de nada, faltos de motivación. La decepción y la tristeza se apoderan de los pulmones y perdemos la fuerza, la dirección interna y la voluntad de acción integrada, por lo que acabamos postergando aquello que en un principio deseabamos.

El origen del miedo puede provenir de la primera división después de la separación del estado de totalidad. Al separarnos, establecemos una distancia entre el universo y nosotr@s, y la mente se convierte en un instrumento de percepción en vez de un instrumento creador.

 Percibimos a través del cuerpo y los sentidos. La mente aprende a interpretar y a hacer conexiones neuronales que acrediten esa interpretación, y las emociones se consolidan, fruto de los resultados de nuestras experiencias y elecciones.

La realidad que vemos es una interpretación basada en nuestras creenciasy sustentada en un programa llamado el árbol genealógico y el inconsciente colectivo.

Cuando la percepción está en manos del Ego, nos vemos separados del mundo. Hacemos un juicio de valor: hay cosas buenas y malas. Creamos opuestos y acabamos viviendo en un mundo de dualidad.

Cuando vivimos en estado de dualidad, percibimos los opuestos como separados, y nos protegemos de lo que percibimos como opuesto a través del miedo, sin darnos cuenta de que lo que parece diferente es igual, pero manifestado de forma complementaria u opuesta.

El miedo alimenta la idea de la separación. Proyectamos fuera lo que no aceptamos, y pensamos que no forma parte de nosotr@s . Lo ponemos fuera de nosotr@s para justificar la rabia, el enfado y el ataque hacia la situación o persona que nos incomoda, pero en el fondo, tenemos miedo a ser atacad@s, ser enjuiciad@s,no llegar a las expectativas propias y ajenas, no agradar hacia fuera y por tanto, no ser querid@s, quedándonos aislad@s y sol@s. Así convertimos las situaciones que tememos, en los sucesos que se manifiestan una y otra vez en nuestras vidas.

El Ego alimenta la dualidad, el juicio, la interpretación y el estado de separación mediante la culpa. Nos culpamos a nosotr@s mism@s y al otro, y el sentimiento de dolor aparece en forma de temor a ser castigad@. Estoçprovoca un mayor miedo y la rueda se repite. Al culpar al otro, pretendemos que el otro haga lo que esperamos de él o ella, por eso atacamos las ideas del otro para hacerle sentir mal. Creemos que el otro nos tiene que dar lo que necesitamos, y esa convicción nos lleva aproyectar en el otro la propia necesidad. Creamos relaciones para obtener algo del otro y si no lo consiguimos, le culpabilizamos. Esta actitud nos hace sufrir y también le hace sufrir al otro. Pero el Ego sigue empeñado en negar que sea la causa del conflicto y nos sentimos víctimas de las circunstancias, manteniendo los programas inconscientes a través de nuestras relaciones.

Cuando sentimos miedo deseamos cambiar la realidad. Queremos que nuestras ideas acerca de lo que deseamos se cumplan aunque vayan en contra de las ideas de otras personas o incluso queremos que una situación cambie, porque queremos que la realidad sea de otra manera, sin percatarnos que estamos sumidos en nuestro mundo de justificaciones y explicaciones de cómo deberían ser las cosas. La situación de angustia se repite una y otra vez, hasta que nos damos cuenta de que cuanto más queremos cambiar algo, más lo reforzamos, atrayendo a nuestras vidas, aquello de lo que pretendemos alejarnos porque le tenemos miedo.

La fuente del dolor en cambio, es nuestra propia inconsciencia e incoherencia. La mente piensa algo, el corazón siente otra cosa diferente y finalmente,no hacemos lo que deseamos . Nos dejamos llevar por nuestras convicciones y el sistema de creencias, determinando así nuestra realidad. percibimos lo que internamente pensamos. Nuestra percepción selecciona en función de nuestros pensamientos, ideas y convicciones y configura la realidad donde se repiten los patrones. Normalmente reaccionamos en contra de las personas que no piensan como nosotros y acabamos repitiendo de forma automática diversas situaciones dolorosas. Pensamos que hemos de defender nuestros propios valores y creencias, sin darnos cuenta que solo repetimos los patrones heredados de nuestros antepasados

Los miedos pertenecen a nuestra parte escondida que quiere unificarse en la luz del ser que somos. Representan una parte de nuestra energía que quedó atascada y que espera ser atendida y entendida algún día, pero si le permitimos existir, vemos que en el fondo, ese miedo es inofensivo y sólo es una respuesta de reacción ante lo desconocido, y si nos damos el permiso de explorarlo, nos enseña a confiar y experimentar algo nuevo, más allá de lo conocido y familiar, y en esa exploración hay una invitación a poder descubrir el ser de luz que somos.

Cuando entendemos que el miedo es una parte de la creación, accedemos auna percepción holística. Vemos que el universo necesita tanto de la luz como de la oscuridad para crear movimiento, elección y la consiguiente experiencia, y cuando vemos de forma global, nos damos cuenta que formamos parte de aquello que percibimos, y que el mundo es la pantalla sobre la que proyectamos nuestros sueños, creencias e interpretaciones.

Así, si nos permitimos sentir el miedo, permitimos que la emoción salga y se manifieste. Esto nos ayuda a sentir compasión por nosotr@s mism@s , a no juzgarnos y a perdonar nuestra ignorancia, para ser capaces de abrazar esa experiencia, transitar la emoción y sentir la liberación que acompañan a la autoaceptación y a la comprensión de que el miedo es la emoción que nos posibilita conocer una versión más elevada de nosotr@s, en la que el amor nos proporciona otra visión más integradora en la cual sabemos que cuando transitamos el miedo, somos capaces de fluir en la vida creándonos en cada momento, sin apego, más allá de las estrategias del Ego, confiando en nuestra sabiduría interior y dándonos la libertad de ser. Entonces comprendemos que si vemos la vida desde una percepción abierta, sin juicios ni culpas, no seremos atacad@s. Y si observamos los pensamientos y las interpretaciones que hacemos, tomamos consciencia de nuestras limitaciones y la mente se libera, deja de sufrir y puede crear.

Establecer el estado de coherencia interior significa hacer un proceso de integración entre la parte que mostramos al mundo y la parte que escondemos, percibiendo a nuestro opuesto como una parte de nosotros. Esta actitud interna nos permite trascender la dualidad e integrarnos, pues en vez de provocar situaciones de lucha, entendemos el miedo o cualquier otra emoción, expandiendo nuestra consciencia a través del proceso de aceptación, rendición, integración y desapego, sabiendo que cuando nos atrevemos a vivir de forma confiada, nos rendimos a cualquier situación que la vida nos ofrezca, trascendemos el miedo y nos alineamos con el flujo de nuestra alma comprendiendo el significado de cada situación vital.

Entendemos que los miedos son una consecuencia de la consciencia de separación y en la medida que vamos conectando con nuestra esencia, comprendemos la situación de forma global y los miedos van desapareciendo. Aprendemos a fusionarnos con nuestra consciencia y esto nos facilita la conexión con la consciencia colectiva y la sabiduría universal del amor incondicional integrándonos con la totalidad. De esta forma podemos crear la vida que deseamos, mientras vamos asimilando paso a paso las lecciones de nuestra alma, a través de la experiencia y la capacidad de compartir. En este proceso asimilamos que dar es recibir y al recibir, damos e interactuamos. Aceptamos que comunicandonos aprendemos a compartir y entendemos que nada puede hacernos daño si no interpretamos. Esta actitud nos ayuda a buscar lo que es mejor para todos y no nos enganchamos a lo que nos gustaría que fuera, porque sabemos que la solución de todo está en nuestro interior y cuando hacemos daño o nos equivocamos, nos perdonamos por habernos hecho daño a través de la relación con el otro o la situación externa conflictiva, y aprendemos a aceptar la visión del otro y desarrollar la empatía, para no entrar en conflicto ni juzgar, pues hemos aprendido a observar los pensamientos. De esta manera, liberamos patrones del pasado y del árbol genealógico a través de la comprensión y el perdón a nosotr@s mism@s. Esta actitud nos hace responsables de lo que creamos, sabiendo que elegimos nuestro camino sin enjuiciar ni adaptarnos a lo que el otro exije, llegando a acuerdos satisfactorios para ambas partes.

Entendemos que nos integramos sabiendiendo que somos parte del problema y que aprendemos a relacionarnos con nosotr@s mism@s a través de la relación con los demás, y comprendemos que las relaciones son para crecer y evolucionar.

Una vez integrada esta actitud vital, nos atrevemos a mostrar la alegría y el estado de gozo interno, porque confiamos en nuestra voz interior y nos volvemos observadores. Entendemos que la vida exterior es el reflejo de la vida interior. Sabemos lo que queremos y lo hacemos de corazón y nos desapegamos del resultado porque vivimos en el presente, fluyendo con lo que la vida nos trae en cada momento, sintiendo que estamos creando conjuntamente, tanto las personas como la situación que se nos presenta, para proporcionarle un aprendizaje a nuestra alma.



ACERCA DEL ENFADO Y LA CREATIVIDAD

El enfado es una reaccion emocional; una reacción impulsiva, una queja, un dolor que surje como un estímulo mental derivado de la vida afectiva.

Cuando surge el enfado, nos mueve como una ola de energía que nos arrastra agitando la mente, el cuerpo y el alma. El estado de equilibrio interno se rompe y surge el enfado.

La energía se estanca en el hígado y el fuego interior se agita. Si la reprimimos, empezamos a desencadenar procesos depresivos y en ambos casos,depresión o ira, el fuego del corazón se altera. Cuando sentimos ira, el corazón se llena de sangre y afecta a la mente produciendo un exceso de estrés. La ira y el enfado interior producen obsesión y preocupación, y eso afecta al psiquismo y al bazo, y cuando el bazo está débil, porque hay un proceso de rumiación interna, acabamos por afectar al pulmón y sentimos momentos de ansiedad y preocupación. En estos momentos, la atención interna se pierde y acabamos repitiendo pautas y conductas que nos llevan a la insatisfacción. Perdemos la atención interior y la angustia se hace presente, produciendo una sensación de tensión interna y tendencia al insomnio.

Cuando reprimimos la ira nos entristecemos y cuando la tristeza se prolonga en el tiempo, por falta de satisfacción en la vida, perdemos la dirección interna y caemos en conductas automáticas, acabando desmotivad@s y sin ganas de hacer gran cosa, cansad@s y  asquead@s de la vida.

La ira y el enfado son la expresión de un estallido de alto voltaje emocional, que nos lleva a proyectar inconscientemente nuestros miedos y creencias, y en este choque, ponemos el poder fuera y perdemos autoestima, confianza y poder interior.

Aceptar e integrar la ira nos lleva a tomar la decisión de atravesar el conflicto interior y atrevernos a parar para sentir la frustración, la imposición y la exigencia interna, y construir el camino hacia la propia estima, estableciendo la confianza y el poder en nuestro interior, cultivando la paciencia y la tolerancia.

Cuando reaccionamos con ira o enfado, suponemos que lo que hemos interpretado de la situación es verdad, y eso se asemeja a una posición algo fanática. La cuestión radica en cuánta responsabilidad somos capaces de asumir respecto a nuestras emociones sin proyectarlas sobre los demás.

Si reprimimos la ira, impedimos su aceptación. Si la negamos,  no podemos ver el sistema de retroalimentación. Si escapamos, surge el miedo a dejar la zona de confort. Si nos dejamos llevar por la inercia, acabamos por tener buenas intenciones pero nunca las llevamos a cabo.

Cuando pensamos se producen a través de los neurotransmisores  reacciones químicas en el cerebro. Los neurotransmisores son los mensajeros que parten del cerebro y llegan al Sistema Endocríno y los órganos, y regresan comunicando emociones, deseos, memorias, intuiciones y sueños.

Cuando algo nos molesta, nos hiere o nos duele, algo del exterior realza nuestra sombra interior y nos ponemos a la defensiva. Esta actitud nos lleva a reaccionar negativamente ante las personas y circunstancias que nos sacan a flote las conductas y actitudes que rechazamos.

Cada un@ proyecta fuera lo que está en su interior, y cuando los pensamientos y emociones parecen inaceptables, generan enfado y ansiedad, y el juicio nos convierte en víctimas de nuestra propia mente. Ponemos las expectativas fuera, nos quejamos pero no cambiamos, y generamos una sensación de pobreza interior, culpa, resentimiento y dolor. Cuando enjuiciamos interna o externamente, ponemos el poder fuera de nosotr@s con la esperanza de lograr algo, afianzar nuestra posición y exigirle al otro que cambie sin cambiar nosotr@s. Esto nos lleva a vivir en un estado de separación, sin vernos a nosotr@s mism@s reflejad@s en el otro, dificultando la posibilidad de integrar nuestras polaridades.

La personalidad se construye con cualidades que consideramos como “Yo” , mientras que lo que no aceptamos porque no nos gusta, consideramos “ No- Yo” y representa el inconsciente o la sombra.

El sistema de creencias, lo que creemos acerca del mundo, se construye desde nuestros sentimientos e ideas, los eventos que hemos vivido y percibido como verdaderos o falsos, buenos o malos, adecuados o inadecuados…

Este sistema de creencias esta formado por ideas que creemos y defendemos llevándonos a vivir una vida de acuerdo a ellas. Si sentimos que algo no está bien,  nos sentimos molestos, y según nuestra percepción interna, actuamos de una u otra manera.

Las emociones de rabia son expresiones de incomprensión y dolor que se originan en el pensamiento, cuando generamos un juicio hacia otra persona o situación. A través de la expresion de la rabia, queremos hacerle saber a la otra persona que no nos ha gustado su actuación o actitud. Intentamos boicotearle o desacreditar su visión o su comportamiento. Le criticamos, con la esperanza de que cambie en vez de cambiar nosotr@s. Le herimos para demostrarle que lo que hace no nos gusta, le descalificamos y le acusamos en actitud de exigencia, intolerancia y arrogancia, escondiendo nuestra inseguridad, entonces parece la ansiedad y tendemos a controlarla, para no mirar las contradicciones internas, y esta actitud nos impide vivir desde la incertidumbre y el vacío creativo.

Para resolver la emoción de la ira y el enfado, nos hacemos conscientes de lo que decimos y hacemos, y de las consecuencias que nuestras conductas ocasionan, para observar la propia carencia, emoción o necesidad y ser conscientes de cómo seguimos manteniendo el dolor.

La ofensa, la culpa y la exigencia son estrategias del Ego que producen insatisfacción y sufrimiento. Si nos identificamos con una emoción, evadimos nuestra responsabilidad de escuchar el dolor y la contradicción interna. Si en cambio, abrazamos lo que sentimos, podemos respirarlo, sentir y liberar, observando sin querer resolver de inmediato, para tomar consciencia de lo que ocurre en nuestro interior.

El discernimiento consiste en escuchar, observar y elegir el camino de mayor apertura de consciencia. Discernir supone desarrollar la disciplina de mirar adentro y observar la actitud interior con la que reaccionamos, tomando consciencia de nuestras percepciones y comportamientos, para ser capaces de desligarnos de los roles de víctima-victimario, y actuar más allá de los condicionamientos.

La capacidad de escucha interior se desarrolla cultivando la presencia y la capacidad de ser contenedor-a, sabiendo ser una copa que cuida sus aguas, aceptando lo que ocurre, para respetar lo que acontece y comprender lo que quiere decirnos.

La expresión asertiva nos ayuda a afirmarnos sin herir ni perjudicar al otro ni a un@ mism@, y respetarnos significa tenernos en atención, en consideración y ser tenid@s en cuenta.

Sentimos empatía hacia un@ mism@ y hacia la emoción que sentimos, dando espacio al dolor,  para escuchar nuestra propia inseguridad.

Cuando estamos presentes con el cuerpo, la mente y las emociones unidas, cambiamos la visión a una comprensión global, y entendemos que la otra persona o la situación que estamos vivenciando, están para ayudarnos a comprender algo inadmisible, y si le ofrecemos a la emoción  el espacio y la escucha que necesita, llegamos a comprender y crear estrategias de convivencia.

La percepción y la observación interior nos ayudan a liberarnos y a entender ,que el dolor surge por una falta de aceptación y una resistencia inconsciente a lo que está aconteciendo.

Al atrevernos a cuestionar lo que pensamos y sentimos, nos hacemos conscientes de lo que ocurre en nuestro interior, y dejamos de ser esclav@s de nuestro punto de vista. Nos hacemos conscientes de nosotr@s mism@s y de los demás, a través de nuestra propia observación. Así podemos llegar al espacio donde la otra persona siente y comprender lo que está aconteciendo y lo que conjuntamente estamos viviendo, para ser conscientes del otro, más allá de nuestras propias opiniones, superando la tendencia automática de identificarnos con nuestra idea, para asumir una visión global, de forma que podamos observar, sentir, discernir y elegir.

La escucha interior nos permite unificar nuestra consciencia con la voz interior, para ir integrando a través de la aceptación, la comprensión y la integración de las memorias físicas y psicológicas, hasta sentir cláramente en el interior, que todo nace y proviene de dentro, y que nuestro dar y recibir, se produce por sincronicidad, propiciandonos los encuentros que nos ayudan a crecer e integrarnos.

Cuando la persona está arraigada en su interior, el pensar, sentir y actuar se hace ser, porque la persona está en estado de coherencia interior y eso le posibilita el acceso a su mundo interior y al inconsciente; el lugar donde habitan los talentos.

Cuando somos capaces de motivarnos por algo, se originan nuevas sinapsis neuronales, y la persona crea el exterior desde su interior, y empieza la rueda de su propia creación consciente o creatividad.

 

SI QUIERES SENTIR Y VIVENCIAR

“TU VIAJE DEL CONFLICTO A LA CREATIVIDAD”

VEN Y COMPARTE CON NOSOTR@S

Chi Kung

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Olatz Benito del valle

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“EL SISTEMA DE CREENCIAS Y LAS EMOCIONES”

ADIESTRAMIENTO DE LAS EMOCIONES

EL SISTEMA DE CREENCIAS Y LAS EMOCIONES”

El sistema de creencias se va formando paulatinamente lo largo de nuestra vida con eventos, acontecimientos y diversas situaciones de nuestro entorno familiar y social, que han sido percibidos por la familia y el entorno como buenos o malos, verdaderos o falsos, aceptables o inadmisibles. Estas ideas se instalan en nuestro sistema de creencias como ideas verdaderas que nos ayudan a vivir y adaptarnos a los distintos ambientes, pero a la vez, nos condicionan y limitan la vida, pues nos incitan a vivir de acuerdo con ellas sin poder cambiarlas. Estas ideas condicionan y limitan muchas veces nuestros puntos de vista e inciden directamente en nuestras conductas.

En opinión de Carl Gustav Jung, psiquiatra y psicólogo suizo, padre de la “Escuela Analítica”, todo depende de cómo vemos las cosas, y no de la forma en que son en sí mismas.

Según percibimos las distintas situaciones vitales, así reaccionamos. Nuestro punto de vista determina nuestra interpretación y esa percepción dirige nuestros actos en una determinada dirección.

Si pensamos que algo no es adecuado o no está bien, nos genera una molestia y los mecanismos de defensa de la negación y la resistencia se ponen en juego para boicotear o sabotear aquello que no nos gusta, sin darnos cuenta de que sólo se trata de nuestro punto de vista, una interpretación según las ideas que nos hemos formado en nuestro interior, que nos llevan a defender ese punto de vista a capa y espada, para asegurar nuestra razón y posicionamiento en el mundo.

La palabra emoción proviene del latín emotio, emotionis. Es un nombre que se deriva del verbo emovere. Este verbo se forma sobre movere (mover, trasladar, impresionar) con el prefijo e/ex (de, desde) y significa retirar, mover, desalojar. Así decimos, que una emoción es algo que saca a una persona de su estado habitual.

Cuando el sistema de creencias de una persona es puesto en tela de juicio, la persona reacciona de forma molesta con rabia, resentimiento, angustia e irritabilidad, pues la persona siente que se tambalean las bases sobre las cuales se asientan sus pensamientos y su forma de vivir.

La personalidad se va formando a lo largo de los años en base a esas creencias y nos muestra la forma en la que la persona se adapta en el entorno familiar, para ocupar su lugar y recibir el apoyo, afecto y consideración que cada uno necesita, y para sentirse a gusto y seguro en el entorno en el que vive. La personalidad se va configurando con las cualidades con las que nos identificamos, y las que rechazamos, van quedando en el inconsciente y conforman lo que los psicólogos llaman “la sombra”.

Cuando ocurre algo que atañe a nuestra sombra, normalmente viene suscitado por otra persona que de alguna manera, representa esas cualidades que nos molestan, y reaccionamos a la defensiva o atacando a aquella persona que nos hace el reflejo de lo que rechazamos.

El malestar interior comienza cuando se despiertan ciertas emociones que uno considera negativas como ira, frustración, impotencia, rabia… y la mente empieza a crear ideas que apoyan y ratifican esas emociones. La actitud mental y emocional de la persona influye en su cuerpo que empieza a tensarse y sentirse inquieto, pues el hecho de pensar, produce reacciones químicas cerebrales y los neurotransmisores, que son los mensajeros que parten del cerebro ,viajan vía sistema endocrino para llegar a los órganos del cuerpo y regresar de nuevo comunicando ciertas emociones. Así la emoción se utiliza como vía de escape ante una situación desagradable o como afirmación personal para dar fin a un tipo de interacción molesto, proyectando hacia la otra persona lo que hay en el interior sin reconocer ni integrar lo que en realidad está aconteciendo. Los pensamientos inaceptables generan juicios, críticas y culpa, que se ponen en la situación externa o en la persona con la que estamos interaccionando.

Al poner la dirección y las expectativas fuera, deseamos que la otra persona cambie su conducta sin que nosostros tengamos que hacer nada más que mantenernos y defender nuestra razón. Esta actitud nos mantiene víctimas de la mente, en un comportamiento automático que nos hace vivir en la separación sin vernos a nosotros mismos reflejados en el otro.

Cuando entramos en la emoción de la rabia, queremos hacerle saber a la otra persona que no nos ha gustado su actitud y su conducta, y entonces, boicoteamos y desacreditamos su visión y su comportamiento. Le criticamos con la intención de que cambie y tratamos de herirle de alguna manera, para mostrarle que su punto de vista es erróneo. Nos afirmamos a través de la descalificación y la acusación, en vez de respetar su punto de vista y dar espacio a lo que su comportamiento y opiniones nos movilizan en nuestro interior. Otras veces, la persona entra en ansiedad y trata de controlar la situación, por miedo a encontrase con sus contradicciones internas, por su misma incapacidad de sentir lo que no casa con sus creencias, y cuando la persona no consigue sus objetivos se entristece o se aísla, porque no consigue expresarse y convencer a la otra parte, en vez de mirar hacia adentro y hacerse cargo de lo que ha generado en la interacción.

Para resolver un conflicto emocional, hemos de ser conscientes de lo que decimos y hacemos, y de las consecuencias que ello genera. Hemos de observar nuestras propias carencias, emociones y necesidades insatisfechas escuchando nuestro dolor y contradicciones internas, para tratar de no evadir nuestra responsabilidad a la hora de crear una interacción o propiciar determinadas situaciones, pues la ofensa, la culpa y la exigencia son estrategias de la personalidad que nos mantienen en la insatisfacción y el sufrimiento de generar continuamente situaciones de conflicto por no atrevernos a cuestionar nuestras creencias y reacciones emocionales.

La salida constructiva radica en abrazar lo que sentimos, respirando conscientemente, para ser capaces de sentir y liberar aquello a lo que nos agarramos e identificamos, aceptando las contradicciones internas y las emociones que conllevan, observando lo que acontece, sin querer resolver la situación angustiosa de una manera rápida, aplicando en nosotros mismos el arte de discernir, que consiste en saber escuchar, observar y elegir el camino de mayor apertura de consciencia ,y desarrollar la disciplina necesaria, para crear el hábito de mirar siempre hacia adentro, observando la actitud con la que reaccionamos ante las diversas situaciones que la vida nos ofrece, para tomar conciencia de nuestro comportamiento, nuestras percepciones y proyecciones, y poder desligarnos de nuestros conocidos roles, para ser capaces de actuar más allá de los condicionamientos, desarrollando el arte de estar presentes y conscientes, aceptando lo que acontece y aprendiendo de cada experiencia, sabiendo que la expresión asertiva consiste en aprender a afirmarnos sin herir ni perjudicar al otro ni a uno mismo, desarrollando la empatía hacia los propios sentimientos y los ajenos, para dar espacio a un dar y recibir satisfactorio para ambas partes.

El estado de plena consciencia en el aquí y ahora nos permite estar presentes con el cuerpo, la mente y las emociones armonizadas, de forma que seamos capaces de cambiar nuestra visión egoica por una visión más global, admitiendo que la otra persona está presente para ayudarnos a reconocer lo inadmisible para nosotros, y cuando llegamos a comprendernos y comprender al otro, las emociones desaparecen y entendemos lo que acontece en ambas partes, y esa percepción interna tiene la fuerza de liberar nuestras creeencias y nuestros puntos de vista, trascendiendo nuestras identificaciones para otorgarnos una mayor libertad de ser. .

Cursos Oct, Nov, y Dic

ADIESTRAMIENTO DE LAS EMOCIONES”

Trascender la Ansiedad y la Insatisfacción

11, 12 y 13 de Octubre

a) Adiestramiento Emocional

    • Aprender a canalizar la energía hacia el interior

    • Dirigir la Fuerza de la Emoción

    • Cultivar la Confianza

b) Activar la Fuerza del Plexo Solar

    • Chi Kung

    • Alquimia Taoísta: Fusión

              • Equilibrar la Energía de los Órganos

              • Neutralizar las emociones negativas

              • Consolidar la fuerza primordial

c) Contemplación y Meditación

La Quietud Interior y la Integración

Traformar el Conflicto en Impulso Creativo

15, 16 y 17 de Noviembre

a) Adiestramiento Emocional

    • Liberar las Emociones Bloqueadas

    • Saltar los obstáculos internos: la confusión y el fracaso

    • Equilibrar la energía masculina y femenina

    • Activar la Rueda de la Creación

    • Despertar la energía interna

      * Atención, Concentración y centramiento

      * Reparar y regenerar la energía

b) Dirigir la Energía del Corazón

– Chi Kung

– Alquimia Taoísta : Fusión

          • Abrir los canales internos y externos

          • Formar el cinturón energéticos

          • Cultivar la fuerza primordial

c) Contemplación y meditación

        • La Comprensión y la Presencia

        • Acción Integrada

Transitar del Miedo al Posicionamiento

13, 14 y 15 de Diciembre

a) Adiestramiento Emocional

    • Aprender a atravesar el propio sufrimiento

    • Salir del sistema de retroalimentación

    • Dejar de ser víctima de la mente y las emociones

    • Desarrollar las facultades internas

b) Activar el Centro de la Garganta

    • Cultivar la habilidad para iniciar acciones

    • Desarrollar la capacidad de expresión

    • Alinear la Intención y la Acción

c) Cultivo Energético

– Chi Kung

– Alquimia Taoísta : Fusión

          • Limpiar los canales

          • Regular la energía

          • Energizar el cerebro

– Abrir los canales de comunicación

– Crear los círculos de energía vital

d) Contemplación y Meditación

– La escucha interna y la empatía

– Alineación del espíritu y el alma

– Desarrollo de la habilidad y el talento propio

Olatz Benito del valle

Itaca Albergue de salud (Gibaja, Cantabria)

Estancia, pensión y curso 240 €

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