MINDFULNESS PARA TRANSFORMAR CREENCIAS LIMITANTES

Una creencia nace a partir de las propias convicciones y los valores morales de la familia y el entorno en el que vivimos. Las creencias pueden ser autolimitantes o potenciadoras y se forman a partir de un sentimiento de certeza de una idea que consideramos verdadera. Estas creencias influencian en la percepción que tenemos, tanto de nosotr@s, de los demás, como de las circunstancias externas que vivimos. La persona, a lo largo de su vida, hace una elaboración de unas ideas en su mente y luego vive la realidad en función de esas ideas, por lo que podemos considerar, que no vivimos la realidad en sí misma, sino que vivimos las consecuencias de lo que creemos. Esto incide directamente en la forma en la que vivimos, viendo la realidad como contínuas alternativas para crecer y disfrutar o como un camino de sufrimiento, donde la rabia, la tristeza y el dolor se adueñan de nosotros y nos sentimos injustamente tratados o doloridos por alguna razón.

Si nos atrevemos a cuestionar una de nuestras creencias, entonces, todo el sistema se ve afectado, pues unas creencias están relacionadas con otras y entre todas, forman nuestro sistema de valores, que nos otorga nuestra propia coherencia. Al observar nuestras creencias, podemos cambiar aquellas que nos limitan, para resolver los conflictos internos y ser capaces de afrontar ciertas situaciones dificultosas en la vida. Cuando deshacemos el juego emocional de las polaridades, nos encontramos con la cualidad positiva o virtud a desarrollar y recogemos así, una poderosa fuerza serena, constructiva y optimista que transforma nuestra realidad, abriendo nuestro mundo interior a la magia del encuentro de nuestros dones, talentos y habilidades, pues un@ lleva a la práctica lo que cree, unificando la mente, el corazón y el instinto ( el pensar, sentir y hacer), funcionando como una unidad autorrealizándose en el camino de la luz y la consciencia.

El Mindfulness a su vez, nos va a ayudar a observar nuestras creencias más allá de los juicios y las suposiciones, aprendiendo a observar el origen del sufrimiento, para no entrar en el círculo incesante de las emociones, pues la atención plena, desarrolla la capacidad de respirar y observar conscientemente la actitud, el movimiento corporal, el tipo de respiración y la sensación interna, para ser capaces de actuar conscientemente. Al poder atender íntegramente, la percepción interna se abre, para poder comprender cualquier situación que la vida nos depara y desarrollar nuestro potencial interior, para sintonizarnos con la expresión de nuestro estado de centramiento, alegría y paz interior.

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LA CONSCIENCIA DEL CORAZÓN UNIFICADO

LA CONSCIENCIA DEL CORAZÓN UNIFICADO

 

La energía que mueve nuestra motivación es una idea basada en nuestras creencias, que junto con la energía del deseo, el sentimiento y la emoción, nos lleva a actuar en una determinada dirección.

Cuando percibimos conscientemente nuestra conducta y los condicionamientos que nos llevan a actuar de la manera que elegimos en cada momento, nos abrimos a la posibilidad de sentir y atrevernos a no juzgar, observar y darnos el permiso de discernir. Entonces, poco a poco, empezamos a escuchar nuestra intuición y a atrevernos a seguir nuestro instinto. En ese momento, nos damos cuenta que gradualmente, un sentido de respeto e integridad se instalan en nosotros. Con la intención del corazón, confiamos la personalidad en el espíritu y sabemos que queremos ser guiad@s por él. Aprendemos a parar, respirar y escuchar el sentimiento interno, para ser capaces de trascender nuestras dualidades y buscar nuestra paz interior. Así conseguimos pacificar los estados mentales y emocionales abandonándonos a la luz de nuestro interior. Si elegimos escucharnos y no juzgar, consolidamos la luz y abrimos el corazón a la consciencia de la unidad. Nuestra unidad se nos revela y conectamos con una sensación de alegría interior. El estado de unidad trae presencia y por ende, la capacidad de ir borrando poco a poco, las memorias de nuestros condicionamientos, miedos y sufrimientos.

El espíritu coge el mando y transmuta la personalidad y el alma, para elevar la vibración, ofreciendo una visión panorámica holística. Así, el cuerpo, el alma y el espíritu, se unifican en la misma vibración y en la misma percepción de consciencia.

 

Amor Incondicional

Hoy voy a compartir una visión del amor incondicional.
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, ya estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto, y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene un nombre: autoestima
Cuando me amé de verdad pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a aceptar todo lo que acontece y que contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama madurez.
Cuando me amé de verdad, comencé a percibir que es ofensivo tratar de forzar alguna situación o persona, solo para realizar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento, o la persona no está preparada, inclusive yo mism@. Hoy sé que el nombre de eso es: respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas, situaciones y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo, hoy sé que se llama amor propio.
Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes. Abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto; lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé que eso es simplicidad y sencillez.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y así erré menos veces. Hoy descubrí que eso es humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedarme reviviendo el pasado, preocupándome por el futuro. Ahora me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día momento a momento y eso se llama plenitud.
Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme, pero cuando la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene un gran y valioso aliado. Todo eso es… amor incondicional.
No debemos tener miedo de cuestionarnos… hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.
Charles Chaplin