La Geometría Sagrada del Octaedro

octaedroLA GEOMETRÍA SAGRADA DEL OCTAEDRO

El octaedro es el puente de conexión con el alma, representa la sabíduría del corazón y el cultivo del pensamiento libre. Es la figura geomética que posibilita la interpolación de la materia y el espíritu. La pirámide que apunta hacia abajo representa el espíritu que descende al centro de la consciencia de la tierra para dar vida y consciencia a la tierra, y la pirámide que apunta hacia arriba, representa la materia que busca el espíritu y la integración con la energía universal o el gran espíritu.

Nos ayuda a hacer nuestro camino, sabiendo cada un@ cuál es su decisión en cada momento, aportando confianza, armonía y fuerza interior, tanto en relación consigo mism@, como en la interacción dinámica.

Nos insta a vivir las relaciones en respeto y comprensión, adiestrándonos en la escucha, la presencia, la honestidad en el proceso de integración de las contradicciones internas, a través de la observación de los distintos puntos de vista, la actitud de cada un@, las interpretaciones y suposiciones, para desarrollar la capacidad de ver, sentir y actuar desde la consciencia de la ecuanimidad.

A través del octaedro alineamos nuestra consciencia con la consciencia cósmica, activamos nuestros chakras o centros de energía y activamos también nuestro campo magnético en resonancia con el del planeta, permitiéndonos recibir los paquetes de luz-información que provienen del sol central de la galaxia, para iluminar nuestra consciencia en función del grado en el que podamos recibir esta información de luz, pues depende del grado de consciencia que cada un@ desarrolla, accede a una cantidad mayor o menor de estímulos fotónicos. Si el cuerpo de luz y los chakras de la persona están activados, la persona vive en el presente, observa, siente y acciona coherentemente, más allá de juicios y críticas, en la observación de lo que acontece.

El octaedro representa al elemento metal que en medicina tradicional china gobierna el pulmón y el intestino grueso, pero el octaedro también armoniza el chakra cardiaco. El pulmón y el intestino grueso necesitan del aliento vital para nutrir el cuerpo, y el adiestramiento en la observación y el desapego, aporta la confianza, la comprensión y el amor, para acceder a la sabiduría del corazón.

En el proceso de reconocimiento y encuentro con nuestra alma, abrimos los ojos internos a nuestros valores y virtudes, para que a través de la observación de los miedos, carencias y contradicciones internas, accedamos a nuestra sabiduría interior, expandiendo nuestra consciencia, reactivando nuestra memoria celular y recuperando cada un@ su maestría, de modo que  permitamos el desarrollo de nuestras capacidades psíquicas y espirituales.

Este paso hacia el interior nos revela nuestro ser multidimensional y nuestra capacidad, para despertar la glándula Pineal y Pituitaria y alinearla con el Chakra del corazón y el del Sacro, de manera que podamos recibir y decodificar a través del sentimiento y la visión interna, los mensajes de luz y sonido provenientes del universo y del eter planetario.

La activación del octaedro de la cabeza estimula las capacidades intelectuales, crea nuevas redes neuronales y armoniza los hemisferios cerebrales. El octaedro del chakra del corazón establece el vínculo con el alma y el espíritu, la tierra y el sol, la energía masculina y femenina, y el del sacro, aporta la fuerza vital de manifestación consciente.

Los tres octaedros alineados equilibran la energía física y la etérica y se activa la plantilla energética que sostiene el cuerpo de luz en nuestro cuerpo físico, alineando nuestra consciencia con la consciencia cósmica.

El octaedro actua en los espacios vacíos como los espacios intermoleculares, el intersticio, el contorno de los órganos o del cuerpo. Es el vacío previo a la materia, la red eléctrica y el espacio donde se moviliza y fluye la energía.

La geometría del octaedro equilibra y crea un campo estable que nos permite trabajar en armonía en nuestra estabilidad energética, equilibrandonos en momentos de tensión interna y externa, creando armonía en el intercambio, balanceando la energía masculina y femenina, facilitándonos el proceso de escucha y desapego, y permitiéndonos vaciarnos y recargarnos.

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