EL PODER SANADOR DEL INCONSCIENTE

El campo energético que rodea al cuerpo genera el sistema nervioso, y cuando en nuestro sistema energético hay un flujo constante de energía electromagnética, la gente se recupera más facilmente de cualquier enfermedad.

Nuestro sistema de creencias con los pensamientos y sentimientos asociados generan nuestras conductas. Estos pensamientos y sentimientos influyen en nuestro nivel energético, así, para que podamos sanar, hemos de incidir  en los pensamientos y emociones que han quedado atascados en el nivel del inconsciente, pues al representar problemas internos sin resolver, la energía sigue estancada en el inconsciente. Si liberamos ese flujo de energía estancada, podemos reestablecer el libre fluir en nuestro sistema energético y en nuestro cuerpo físico.

El inconsciente gobierna las funciones automáticas del cuerpo como la respiración, los latidos del corazón y la digestión. De este modo, cuando nos topamos con un patrón inconsciente, el cuerpo se altera y entra en pánico provocando un aumento del estrés y el consiguiente desarreglo hormonal.

El Tálamo actúa a nivel de la mente consciente, pero el hipotálamo lo hace a nivel inconsciente y le transmite la información que proviene del interior del cuerpo. Si esta información está en modo de alarma, significa que hay algo en nuestro comportamiento o en el de otra persona que no nos gusta y que rechazamos. Esto genera una incapacidad de integrar de forma consciente nuestras experiencias de vida, provocando un bloqueo en el flujo de la energía. Al rechazar cualquier idea, sentimiento o conducta, lo enviamos al inconsciente y dejamos de verlo, pero ella seguirá controlando nuestras conductas y decisiones, provocando que se establezca un círculo vicioso que nos mantenga atascados en la repetición de situaciones dolorosas, impidiendo que el alma pueda acoplarse en nuestro cuerpo, ya que los circuitos energéticos permanecen obturados. El cuerpo físico no recibe el alimento energético y empieza a degenerar hasta que se manifiesta la enfermedad. Así, aunque queramos funcionar de forma consciente, la energía que sustenta nuestra conducta está dirigida por un miedo o una creencia autolimitante, y la frecuencia energética que emitimos hacia el exterior es baja, provocando de nuevo la experiencia temida en nuestra vida.

Existen muchas formas de desbloquear esta situación. Una de ellas la aporta la doctora Sue Morter con su ejercicio de la Marcha Morter.

La Marcha Morter activa y unifica los centros del cerebro superior integrando los dos hemisferios cerebrales y la zona superior e inferior del cuerpo, los centros visuales, el cerebelo y el sistema respiratorio. Al activarse todos estos centros a la vez, el organismo se resetea y se enciende de nuevo el botón de arranque, de modo que podamos integrar la experiencia que deseamos sanar y se reestablezcan los circuitos energéticos para que el alma pueda integrarse en el cuerpo.

En este ejercicio nos colocamos de pie con los pies separados a la anchura de los hombros. Damos un paso adelante con la pierna derecha flexionando un poco la rodilla, levantamos el brazo izquierdo adelante con el pulgar hacia arriba y en un ángulo de 45 grados. El brazo derecho queda estirado hacia atrás y hacia abajo en un ángulo de 45 grados. Giramos y ladeamos ligeramente la cabeza hacia la izquierda y miramos hacia el brazo y pulgar izquierdo cerrando el ojo derecho.

En esta posición, inspiramos profundamente al vientre, luego contenemos la respiración, y nos concentramos en aquello que hemos trabajado a nivel del inconsciente, pero aceptando, perdonando y dando una solución constructiva. Posteriormente espiramos y damos un paso hacia atrás para volver a la posición de partida. Repetimos el ejercicio hacia el otro lado y otra vez a la izquierda y derecha de manera que hagamos el ejercicio cuatro veces.

Cuando una experiencia traumática no se resuelve, queda atrapada a nivel inconsciente y entonces el cuerpo sigue repitiendo la conducta traumática. Para que el cuerpo pueda liberar esa energía traumática, llevamos la atención al Sistema nervioso para que crea que hay algo más importante en lo que centrarse, puesto que el sistema de supervivencia del cuerpo funciona estableciendo prioridades y utilizando la energía, los recursos y todo lo disponible para atender situaciones que considera como una amenaza.

En la Marcha Morter, al contener la respiración, el Sistema Nervioso cree que no va a poder coger más aire en la siguiente respiración, y para proveer un extra de oxígeno al cuerpo, empieza a relajar los músculos que ha contraido. Al tener a disposición más oxígeno, podemos reevaluar la situación para poderle dar una salida más constructiva, pues la energía se vuelve a distribuir en vez de estar consumiéndose en un círculo vicioso, quedando disponible para que los circuitos puedan volver a conectarse y se puedan crear otros circuitos que ayuden a sanar al cuerpo.  Le enviamos un mensaje de aceptación, comprensión y perdón al Sistema nervioso, para que éste le envíe un nuevo mensaje al inconsciente. El sistema nervioso entiende que hemos resuelto la situación conflictiva y empieza a redistribuir la energía por todo el sistema energético aumentando nuestro nivel energético. Este nuevo enfoque nos permite pasar de la situación de ser las víctimas de las circunstancias externas a ser los creadores de nuestra realidad.

Una vez reseteado el sistema energético, aumentamos la cantidad de energía en el canal central volteando el pulgar de atrás de manera que en vez de apuntar a la tierra se gire hacia el cielo y fortalecemos el canal central activando los chakras. Cerramos la puerta del perineo, despues el diafragma urogenital, activamos el Timo, poniendo la atención en el punto entre los omóplatos en la espalda, para que la caja torácica se expanda, activamos el chakra de la garganta, de forma que podamos sentir y oir el ruido de la respiración,  y dirigimos la mirada al brazo y al pulgar levantado. Llevamos la atención al área detrás de los ojos y respiramos arriba y abajo por el canal central. Inspiramos por la cabeza, contenemos en la zona abdominal y espiramos a tierra y luego cogemos el aire de la tierra a la zona abdominal, contenemos la respiración y echamos el aire por la coronilla. Finalmente, damos un paso atrás y volvemos a la posición de partida.

Este ejercicio recalibra el sistema energético y reprograma nuestros circuitos energéticos en la vibración de luz, amor y consciencia, de forma que le permitamos al alma integrarse con más facilidad a nuestra estructura energética y física.

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