El Silencio Interior

El silencio es el lenguaje del corazón, del alma y de la experiencia de nuestra propia intuición.

En el momento que somos capaces de alejarnos de la mente parlanchina, dejamos de poner la atención en el mundo exterior y entramos en el mundo interior, entonces, el cerebro se relaja y empezamos a observar con calma el aliento saliendo y entrando en nuestro cuerpo.

Cuando estamos en estado de silencio, recibimos los mensajes del alma y de los seres de luz. Escuchamos en actitud receptiva con paciencia y devoción, aquello que proviene de nuestra sabiduría interior.

En el cuerpo físico, a nivel de la garganta, en la glándula tiroidea, tenemos un tercer oido capaz de activarse en estados de introspección. Cuando permanecemos calmados, en silencio y en soledad, somos capaces de escuchar una voz suave y clara que nos recuerda una sensación íntima y profunda del recuerdo de que somos luz, y ante esta sensación, el corazón se abre y sentimos un agradecimiento y un sentimiento de comunión a la vez que una sensación de libertad interior. Es un sentir completo, como si fueramos libres y a la vez, pertenecieramos al todo; un sentimiento de expansión y recogimiento al mismo tiempo, y aunque en principio, pueda parecer contradictorio, es una sensación simple y clara, que no conlleva estados de duda o incertidumbre. Muy al contrario, nos proporciona una sensación de paz, armonía y protección.

Desde este estado del ser, sentimos la energía que une todos los corazones en el latido universal. En este estado, somos capaces de ver con claridad, precisión y profundidad, para poder crear desde un punto de vista diferente al de la mente cotidiana.

En el momento que estamos en silencio, la primera sensación que experimentamos es la de un profundo agradecimiento, que nos reconforta y nos une a todo lo que es. Luego, viene una entrega a observar nuestra honestidad en las relaciones y en los acontecimientos que vivimos día a día. Esto nos acerca a escuchar nuestra verdad y nos ayuda a ser coherentes y auténticos, para ser capaces de mostrarnos tal cual somos. Entonces, poco a poco, el ruido mental del Ego y su sistema de creencias va perdiendo fuerza, los sonidos de los pensamientos y sentimientos, frutos de nuestras interpretaciones, pierden volumen y en su lugar, escuchamos el sonido que late en el centro de nuestro corazón, que es el mismo sonido que el del universo, todo ello unificado en la sensación de expansión de la consciencia. Entonces la luz de la consciencia empieza a ordenar las sensaciones internas, y se establece un estado de atención plena. Esto nos permite comprender nuestros procesos vitales y sociales, observar nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones y silenciarlos, simplemente comprendiéndolos y dejándolos marchar, acercándonos a la aceptación de lo que es, más allá de toda interpretacion, integrando la verdad de nuestro corazón.

En este estado de consciencia el perdón se manifiesta como una comprensión de las consecuencias de nuestras acciones. Perdonamos a la gente a la que de alguna manera hemos podido dañar y a los que nos han dañado. Sentimos comprensión y perdón por las formas en las que hemos ofendido, nos han ofendido o nos hemos ofendido a nosotros mismos y aprendemos de la situación que nos ha tocado vivir. El interior se calma, se estabiliza y nos ayuda a vivir de una forma un poco más consciente las diversas situaciones cambiantes del mundo externo, conectando más profundamente con lo que acontece, sin abrumarnos por el dolor  que podamos sentir y experimentar.

En la medida que practicamos el arte de escuchar en silencio, aprendemos a permanecer en el momento integrando nuestras emociones, pensamientos y sentimientos, aceptando lo que en cada momento ocurre, asumiendo el aprendizaje y el cambio interno, en vez de resistirnos desde nuestra mente. Este silencio nos ayuda a centrarnos y madurar.

La comprensión de lo que nos ocurre, nos ayuda a aprender a ser menos egoístas. La aceptación nos enseña a trascender los conceptos de bueno y malo. Perdonar nos ayuda a recociliarnos con aspectos nuestros disociados y todo ello, nos da la libertad de darnos poco a poco, la posibilidad de vivir la vida que elegimos vivir.

En estado de silencio, el Ego se debilita y el estado de gracia se expresa en nuestra vida, ayudándonos a liberarnos de los obstáculos externos, pues al no tratar de imponer nuestra razón, nos liberamos de nuestra pelea interna y aprendemos a escuchar, sentir y actuar, pues entendemos que el universo es un reflejo, un espejo que refleja nuestra energía transmitida en forma de palabras, actitudes y acciones, enviándonos el reflejo de nuestra propia vibración energética, en la forma de experiencias vitales. Asi ,entendemos que  las diversas situaciones que vivimos, son la manifestación externa de lo que interiormente sentimos y pensamos, y que el silencio, nos enseña a atraer hacia nosotros todo lo que necesitamos, para liberarnos de nuestras ataduras mentales y emocionales, y realizarnos en el camino de nuestra maestría.

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