LA CONSCIENCIA DEL CORAZÓN

 El latido del corazón es el sonido que mantiene la vibración de la vida. Este sonido nos sincroniza con el latido de la tierra y del sol.

El sol del centro de la galaxia es como un agujero negro que ofrece el movimiento y el ritmo a todo lo que acontece, para que la energía y la información fluya en los diferentes planos de consciencia.

El cosmos entero respira a un ritmo de expansión y contracción irradiando y absorbiendo energía. Cuando la energía es irradiada, percibimos un estado de expansión en nuestra conciencia y cuando se contrae, se manifiesta el estado de vacío, quietud y silencio, que nos lleva a un estado de introspección.

Del mismo modo ocurre el movimiento de expansión y contracción en el sol y la tierra. Las energías electromagnéticas del sol despiertan nuestro cuerpo y nos ayudan a crear, mientras que las energías gravitacionales de la tierra, nos ayudan a mantener nuestra dirección, marcar un ritmo y materializar.

Todos los ritmos, tanto externos como internos, reflejados en nuestro cuerpo, como el ritmo respiratorio, cardiaco, digestivo… mantienen el ritmo de una expansión seguida de una contracción. Incluso nuestro ADN, que es el que atrae la energía a nuestro cuerpo de luz, se sincroniza con el latido del corazón, para crear el pulso electromagnético y trenzar el ADN girando en dos espirales, una que se abre y se expande y la otra que se cierra y se contrae.

Este ritmo que se complementa y da origen al movimiento, provoca que la luz consciencia se mueva y se manifieste en los distintos planos de consciencia y en las diferentes capas de nuestro ADN. El universo entero es un toroide girando sobre sí mismo en movimientos de expansión y contracción, integrando en su centro la espiral áurea.

Las distintas capas del ADN son activadas mediante el cultivo de las virtudes, las cuales aumentan su frecuencia y vibración, posibilitando un mayor cociente de luz consciencia en su estructura. Las virtudes del corazón nutren las cualidades del espíritu, incitando a las moléculas de ADN a girar más rápidamente y complementarse, formando un círculo de campo toroidal.

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