LA PROPORCIÓN ÁUREA Y LA SECUENCIA FIBONACCI

El toroide es la representación geométrica del espíritu haciendo un giro en la espiral áurea. En el cuerpo humano está reflejado en la trayectoria toroidal que recorre el espermatozoide para llegar al núcleo del óvulo y crear el cigoto. El toroide manifiesta el camino de la creación del movimiento del espíritu y de la creación física, emocional y mental.

Los números representan el lenguaje del universo y de nuestra naturaleza.  La frecuencia Fibonacci es la forma energética primordial que crea dos triángulos equiláteros que generan la doble espiral. Su presencia se manifiesta en todas las formas de vida, en la materia y en todo el universo. Esta espiral expresa toda forma tridimensional y rige el funcionamiento de la forma, el sonido y el tiempo.

La frecuencia de Fibonacci (0,1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89,144…) es un patrón que se muestra de distintas maneras en toda la naturaleza y también en la molécula del ADN. 

La geometría sagrada del ADN se expresa como una larga secuencia de pentágonos  áureos. En realidad se trata de una relacion entre dodecaedros e icosaedros. Cada giro completo de la doble hélice del ADN mide 21 Amstroms de ancho por 34 de largo. Teniendo en cuenta que 21 y 34 son  números consecutivos de la serie de Fibonacci, nos damos cuenta que su cociente se aproxima bastante a la Razón Áurea (1,6180339)

La sección áurea o divina proporción establece que lo pequeño es a lo grande como lo grande es al todo. Los griegos le dieron el nombre de Phi. En la secuencia Fibonacci, la razón entre un número y el anterior tiende a la proporción áurea.

El ser humano además, alberga la espiral de la proporción áurea en el centro del corazón.Cuando la persona siente amor, la carga eléctrica del corazón se aproxima a Phi. La proporción Phi permite a la corriente eléctrica cambiar octavas armónicas sin perder poder ni información.

La proporción Áurea no tiene principio ni fin, continúa formando espirales que disminuyen hasta volverse tan infinitesimal que puede romper el plano de una dimensión y entrar en otra, para empezar de nuevo en otra dimensión como una espiral grande que se va haciendo más y más pequeña, hasta romper ese plano y empezar en otro y así sucesivamente hasta el infinito.

La proporción Áurea no tiene ni principio ni fin y la espiral Fibonacci, empieza en cero pero se aproxima rápidamente a la proporción Áurea ( 1,6180339).

Si la proporción Áurea representa el espíritu y la Fibonacci el alma y la encarnación física, entonces, la encarnación física empieza como una forma Fibonacci y en el camino de evolución hacia Dios, cuando se va integrando y conociendo se aproxima a la proporción Áurea. Cuando la Fibonacci y la proporción Áurea están en la máxima cercanía, se crea un puente energético entre el espíritu y la persona. En este punto, el ser humano libera todas sus creencias limitantes y realiza su potencial ilimitado fusionándose con su espíritu.

La energía Kundalini es el principio de vida, el impulso en espiral que genera todo lo que existe, funciona en la complementariedad de las fuerzas centrífugas y centrípetas integrándose, igual que la Vesica Piscis donde los complementarios crean la unidad, y también ocurre lo mismo a nivel de pensamiento o emociones en las que los estados de ambas polaridades se trascienden en el punto central, donde un@ encuentra su verdad. Esa verdad se manifiesta cuando somos capaces de trascender nuestros estados emocionales o mentales desequilibrados en exceso o defecto y accedemos al estado de consciencia de unidad a través de la sinceridad del corazón.

El ADN se encuentra dentro del núcleo de cada célula. La principal función de la molécula de ADN es la recepción y la transmisión electromagnética. Es un transductor de luz, armoniza y distribuye la energía. Las células escuchan y responden a través de la membrana celular que sería como la piel de la célula, interpretan las señales y transmiten instrucciones al ADN que está en el núcleo y conforma los cromosomas. Su estructura química funciona en una doble hélice. El ADN está compuesto de 2 cadenas girando en ambos sentidos  y 4 bases organizadas en grupos de 3. Cada grupo reacciona con un aminoácido y forma un codón. Hay 2 cadenas, 12 hebras, 64 codones y 46 cromosomas.  El ADN recibe los mensajes y contiene las instrucciones a nivel biológico, emocional y espiritual. Sería como una computadora cuántica holográfica que actúa en resonancia con el corazón y cambia a través de la intención.

Tiene una naturaleza bioacústica y electromagnética. Es un receptor de energía, un transformador de señales y un transmisor cuántico de sonido y luz. Posee una conciencia multidimensional activada por el amor del corazón que crea figuras geométricas. La molécula del ADN está constituida por  una estructura de pentágonos a modo de un dodecaedro conformado por la proporción áurea. Tanto el interior hueco como la estructura posibilitan la comunicación con cualquier punto de la hélice para que el ADN pueda abrirse o cerrarse, y su estructura interna es un espejo de su estructura  externa. Es un agujero de gusano que en la medida que se abre, permite que más cantidad de luz-consciencia se derrame a través de él forjando la vitalidad del aura. Su función consiste en armonizar y distribuir la energía. La doble espiral que forman las moléculas se mueve por la fuerza de la consciencia y la energía del corazón. Produce un campo energético que organiza el espacio que le rodea y la información.

Esta forma dodecaédrica e icosaédrica es propia tanto del aura, de la rejilla electromagnética de la tierra como del zodiaco.

El ADN es un código que se activa con claves, mantrams, imágenes, sonido, cuencos, campanas, tambores, danza, meditación, oración, la intención, la emoción y la acción.

Creamos nuestra realidad a través de nuestra intención y el sentimiento que le acompaña, activando una linea de tiempo que conecta la energía y la materia del universo según nuestro amor y el nivel de consciencia.

 

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